Si no apoyas al Rocha, eres bot: Rodolfo Valenzuela

Rodolfo Valenzuela ya encontró la explicación para el rechazo contra Rubén Rocha Moya: no son ciudadanos molestos, no son productores cansados, no son comerciantes golpeados por la violencia ni familias hartas de vivir con miedo.

Son bots.

Qué alivio.

Durante casi 24 meses, Sinaloa ha vivido entre asesinatos, desapariciones, negocios cerrados, carreteras inseguras, turismo golpeado y una economía que intenta sobrevivir mientras el gobierno presume que todo está bajo control. Pero para Valenzuela, aspirante de Morena a la gubernatura, el problema no parece ser el gobierno.

El problema es Facebook.

Según su versión, Rocha Moya sigue siendo querido por la población y buena parte del descontento que aparece en redes sociales proviene de cuentas falsas y campañas operadas desde fuera del estado.

Es una explicación bastante práctica, especialmente para alguien que busca la candidatura del mismo partido que gobierna Sinaloa.

Si una persona defiende a Rocha, es pueblo consciente.

Si lo critica, puede ser un robot ruso, una granja digital o algún perverso operador conservador escribiendo desde una computadora en el extranjero.

Lo que aparentemente no puede ser es un sinaloense encabronado.

Valenzuela asegura que Rocha conserva legitimidad porque fue electo con más de 600 mil votos. El detalle es que una elección no convierte al gobernador en propietario permanente de la aprobación ciudadana.

La gente puede votar por alguien y después arrepentirse.

Puede respaldarlo y luego exigirle cuentas.

Puede incluso descubrir, con el paso de los años, que aquella promesa de transformación venía con más propaganda que resultados.

Eso sucede en las democracias. Aunque en Morena parezca considerarse una falla del sistema.

La teoría de los bots también tiene otra ventaja: evita tener que responder por qué existe tanto rechazo.

No hace falta revisar la crisis de seguridad.

No hace falta hablar de los sectores productivos afectados.

No hace falta escuchar a quienes cerraron sus negocios, redujeron horarios o dejaron de salir por temor.

No hace falta explicar por qué el gobierno perdió credibilidad.

Basta con decir que todo es una campaña negra.

Valenzuela no presentó una investigación técnica, un listado de cuentas automatizadas ni datos que permitan distinguir entre perfiles falsos y ciudadanos reales. Simplemente decidió que el respaldo a Rocha es auténtico y la crítica es sospechosa.

Una regla bastante cómoda cuando se pretende heredar el gobierno.

Lo más curioso es que el propio discurso político de Morena se construyó durante años alrededor del supuesto derecho del pueblo a protestar, cuestionar y desafiar al poder.

Pero parece que ese derecho tenía fecha de caducidad.

Cuando Morena era oposición, el descontento era legítimo.

Ahora que gobierna, el descontento es artificial.

Antes, las redes sociales representaban la voz del pueblo.

Ahora son una fábrica de bots.

Antes, cuestionar al gobernador era valentía.

Ahora es guerra sucia.

Rodolfo Valenzuela puede creer que Rocha Moya es querido, respetado y esperado por la mayoría de los sinaloenses. Está en su derecho. Lo que no puede hacer seriamente es borrar de un plumazo toda crítica atribuyéndola a cuentas falsas.

Porque detrás de muchos de esos comentarios hay personas reales.

Personas que pagan impuestos.

Personas que votaron.

Personas que han perdido dinero, tranquilidad o familiares.

Personas que no necesitan recibir instrucciones desde el extranjero para estar descontentas.

Tal vez existen bots atacando a Rocha Moya.

Lo que todavía no existe es un bot capaz de inventar por sí solo la realidad que vive Sinaloa.

Pero reconocerlo sería aceptar que el problema no está en las redes sociales.

Está en el gobierno.

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